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Las campanas doblan por el viejo y el mar.

Gregorio Fuentes, el ex capitán del yate del famoso escritor estadounidense Ernest Hemingway y principal inspiración de la novela "El Viejo y el Mar" falleció en días recientes en la localidad cubana de Cojímar.


Por Néstor Rius Martínez
Servicio Especial de la AIN


Fidelidad. Con una sola palabra puede definirse a Gregorio Fuentes. Lo fue a sus recuerdos, al amigo entrañable, a su segunda patria y a su pueblo: Cojímar.

Quiso vivir siempre cerca del mar y lo logró. Diríase que vivió para el mar este marino. Allá en la hermosa costa, justo donde solía atracar el "Pilar", el bote de Hemingway. Durante casi 30 años.

Este hombre-inspiración no sólo fue el capitán, también fungió como cocinero a bordo y amigo inseparable del escritor estadounidense. Por tanto, muchos recuerdos imborrables se fueron también con Gregorio en estos largos y provechosos 104 años.

Un hombre que de seguro hubiera preferido también ser enterrado en el fondo del mar, allí entre tantos peces agujas como los que un día capturara junto al escritor. Aquellos mismos de los que habla la novela, porque según el propio Hemingway,
él fue su inspiración para escribirla.

Su vida fue un constante batallar, similar al que narra la obra, no sólo contra peces enormes, también contra escaseces, tormentas y submarinos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial.

Cuba lo acogió siempre como un hijo bueno y humilde. Aunque nació en las Islas Canarias el 11 de julio de 1897, no es hasta la década del 30 que estrecha amistad con el escritor al tripular su barco, también por tener el don de preparar cocteles cubanos, aquellos que hicieron a Hemingway un visitante asiduo del bar-
restaurante Floridita, hoy sitio obligado de todo visitante foráneo a La Habana.
El escritor y el viejo marino entablaron amistad exactamente en 1928, pero no fue hasta los años 30 cuando Hemingway comprendió que depositar en "el viejo" el cuidado de los botes era algo imprescindible. Fuentes los cuidaba como nadie y por ello lo contrató para que atendiera al "Pilar", su barco.

Y Fuentes fue siempre un marino sin barco propio, que luego heredó el del escritor. Un gesto amable y una paternidad compartida, sin discusión. El barco lo donó luego al gobierno cubano, sabiendo que este le daría siempre puerto seguro en la historia.

Es cierto que Hemingway manejaba el arte de escribir como pocos y Gregorio hacía otro tanto con la pesca. Por ello mantuvieron una unión indisoluble.

Tras la muerte del escritor en 1961, un inesperado legado recayó sobre Gregorio Fuentes, le tocaría mantener vivo al escritor en la memoria de quienes no lo conocieron, y también lo logró. Algo tan difícil, como sostener atado fuertemente a aquel pez junto a su bote, como narra la novela.

Este hombre se encargó de surcar las aguas para que su gran amigo se inspirara un día y ahora, al morir, curiosamente Hemingway logró que las campanas del recuerdo y de la historia, doblen por él infinitamente
.

 

El viejo, el mar y el Capitán Gregorio

FÉLIX LÓPEZ

No es auténtica la jerarquía que no se funda en la experiencia. Lo sabe el viejo Gregorio Fuentes, que a los 104 años de edad acaba de ser ascendido de patrón del Pilar a Capitán de la Asociación Internacional de la Pesca Deportiva (IGFA). Un título por el que hubiese votado, sin pensarlo dos veces, el propio Ernest Hemingway, quien encontró en el pescador cubano una inspiración para escribir su novela El viejo y el mar.

Hilary Hemingway, sobrina del escritor norteamericano, en el homenaje a Gregorio Fuentes, patrón del Pilar

Difícilmente exista alguien que conociera mejor al Hemingway de los mares. Desde 1928, la lejana fecha en que el famoso novelista norteamericano conoció en Cojímar a Gregorio Fuentes, nació una amistad a primera vista que nunca ha sido traicionada. Diez años después de aquel encuentro, Fuentes se convirtió en el patrón del yate Pilar y entró definitivamente en la vida del Papa.

Juntos, Gregorio, Hemingway y el Pilar, recorrieron los escenarios reales de la novela Islas en el Golfo; pasaron días enteros al vaivén de las corrientes en el Estrecho de la Florida; compartieron sol, ron y luna; y hasta pusieron a prueba sus habilidades para ver quien atrapaba el mejor pez. Hemingway, lo dejó entrever más de una vez en su obra, se sentía a gusto con su Patrón, y este último se sabía cómplice de las aventuras literarias del norteamericano.

Todas esas imágenes deben haber pasado, como las corrientes del Golfo, por la mente del viejo Gregorio, mientras la sobrina del novelista, Hilary Hemingway, expresaba ante los presentes en la ceremonia: "En nombre de la familia Hemingway, de mi tío Ernest y de la IGFA, me gustaría honrar a un gran pescador: Gregorio Fuentes..., un hombre que con 104 años se mantiene alegre e invicto".

Respondiendo al gesto de Hilary y de la IGFA, organización que agrupa a 197 ilustres Capitanes en todo el mundo, el viejo Gregorio desató los cabos de la imaginación, se separó el habano de los labios y le dijo a los visitantes: "Me siento muy contento, porque es un premio muy significante para mi pueblo".

Así de humilde ha sido siempre el viejo Gregorio Fuentes, hijo de Lanzarote, en España, donde nació el 11 de julio de 1897, y de Cojímar, en La Habana, donde ha pasado la mayor parte de su vida. Allí frente al mismo mar que frecuentaba con Hemingway, siempre será recordado.